El origen del nombre de este continente de 14.000.000 km² proviene del griego antarktikos, compuesto de anti y arktikos. Anti es “opuesto” mientras que arktikos hace alusión a “el oso”, en referencia a la Osa Menor, la constelación en la que se encuentra la estrella polar.

El primer uso de la palabra se remonta al año 350 a.C., cuando Aristóteles se refirió a una «región antártica» en su libro Meteorología. El filósofo afirmaba la existencia de masas desconocidas en los diferentes polos, premisa que se anteponía a la idea de Tales de Mileto de que la tierra flotaba sobre el agua como un disco y que se encontraba cubierta por una semiesfera transparente.