Las algas de nieve son organismos con adaptaciones para fotosintetizar, crecer y reproducirse a temperaturas cercanas a 0°C. Además poseen pigmentos fotoprotectores, los cuales le sirven para soportar el estrés que causa en ellas las condiciones ambientales extremas.

La coloración de las algas, que puede ser roja o verde, las transforma en verdaderos sensores del cambio climático, ya que disminuyen la reflexión solar en la nieve. Esto produce la aceleración del derretimiento de los campos de nieve, debido a que las algas oscurecen la superficie, afectando directamente al “efecto albedo”, que mide los niveles de reflexión de la luz solar sobre la Tierra.

Según los últimos estudios, la presencia de estas algas hace que la superficie fría presente un 13% menos del albedo en periodo de deshielo, lo que significa mayor cantidad de calor, acelerando el proceso.